Cuando estamos en proceso de alquilar una casa, salvo que esté reformada hace poco, nos llamará la atención una cosa que, con el tiempo, veremos que es un inconveniente. Y es que en muchas casas, tanto en el baño como en la cocina, existen dos grifos, uno para el agua caliente y otra para la fría, en lugar de existir un grifo monomando que mezcle las dos tomas.

No nos engañemos, en España hasta hace poco, más en los cuartos de baño que en la cocina, eso sí, también se daba esta situación. Quien tenga una casa antigua, de pueblo, por ejemplo, que no este del todo reformada, sabrá de que hablo.

Sin embargo, en Reino Unido no se ha “transformado” del todo en lo que respecta a comodidad a la hora de usar el agua fría y caliente. Y es que de la tradición se paso a la regulación. Os contamos.

Mix Taps

Hay que tener en cuenta que gran parte de las casas, incluso las más viejas, se construyeron o reformaron tras la Segunda Guerra Mundial. Gran Bretaña es un país que históricamente ha sido más avanzado que España en el uso de la electricidad. Y eso derivaba que mientras que en nuestras casas usábamos calentadores de gas (butano en los pueblos y gas ciudad en las grades urbes), en Reino Unido se solía usar eléctrico (es difícil encontrar un calentador eléctrico en España anterior a los años 80).

El tener agua caliente almacenada, normalmente en rincones de la casa, como el desván, en calentadores que no son como los de ahora, sellados, sino más bien rudimentarios, los convertía en foco de bacterias y atraía a la vida animal oculta de una casa, como insectos o incluso ratas. Esto hacía muy peligroso que se bebiera de esa agua, así que los fontaneros, con buen criterio, instalaban dos grifos, uno, el agua fría, con agua depurada proveniente de la acometida general, y otro caliente del calentador.

Con el paso del tiempo, esa costumbre de los fontaneros fructificó en norma técnica de instalación en 1999, por lo que desde entonces, está prohibido usar “mix taps” (grifo mixto) si el agua caliente proviene de un calentador por estanquidad. Si puede haberlo si el calentador, eléctrico o de gas, calienta el agua según pasa pero no la almacena.

Para nosotros suele ser un engorro, ya que estamos más que acostumbrados a usar la mezcla de agua fría y caliente para fregar o lavarnos la cara, pero hay que tener en cuenta que es cuestión de salud.

Sin embargo, existe una solución un poco chapuza pero efectiva. La primera es coger una botella de plástico, hacer un agujero en cada lado para que entre cada uno de los grifos y otro pequeño en el centro para que caiga el agua mezclada.

Si sois más manitas, en las tiendas de bricolaje, o incluso en los todo a 1 Libra, podéis encontrar material básico de fontanería, entre ellos acoples de plástico flexible para grifos con tubos que mezclan el agua, como los de la foto. Pero lo mejor es intentar que el casero se apiade de vosotros y cambie los grifos.